domingo, 11 de noviembre de 2018

Domingo 11 de noviembre, 23°C

Se me clava en los ojos la escarcha de este domingo.
Mirá si no podríamos haber estado leyendo desnudos en la cama,
riéndonos de todos los adjetivos que le pusiste de más al cuento
para que me ría y te contagie con mi risa desordenada.

Pero yo estoy acá y vos allá porque nunca entendimos nada.
La cama se llenó de etiquetas vacías, de ojos, de preguntas.
Entonces dimos los correspondientes pasos al costado
nos pusimos espalda contra espalda y nos fuimos sin decir chau.

Y ahora te aburrís porque ella no entiende de adjetivos
y te dice que tu libro es hermoso y ¡qué lindo que sos!
Y yo me aburro porque él me pide que le mande fotos desnuda
y para disimular me dice que soy una genia y que escribo re-bien.

Y mientras nos ignoramos tomamos mate con limón y torta frita.
Y se nos atraganta el silencio de este domingo lleno de espinas
y de palabras que nadie entiende y que se quedan suspendidas en el aire.
Y sin querer te mando la foto a vos y sin querer me mandás el texto a mí.

Llovizna.



viernes, 26 de octubre de 2018

Es tarde

Vuelvo de trabajar: subte, tren,
deshago el camino hasta la estación Martín Coronado,
no hay fila en la parada de taxis, me tiento,
esas diez cuadras que faltan son largas y oscuras.
Sopeso las perdidas y las ganancias, quiero llegar a casa. 
El taxista no quiere charlar y pone una de Jaf
que hace siglos no escuchaba
"ha caido mucho hielo sobre la ilusión
siento latir..."
Le escondo la cara al retrovisor.
Me arrepiento, hubiese preferido caminar.

Es tarde.

sábado, 20 de octubre de 2018

No es, se hace.


Nunca la tuviste,
ni ese primer día,
cuando en la cama ya desarmada
y escondido en el descaro,
le escribías a otra
que la ibas a buscar.



Y buee...

viernes, 19 de octubre de 2018

Viernes

Entre mate y mate
se van las risas
y las palabras.
Los intentos fallidos,
las renuncias.
Las caídas
y las levantadas.

Entre mate y mate
lo que queda
es nuestra amistad.

Powerpuff Girls!

♡♡♡



domingo, 14 de octubre de 2018

Diapositivas

Opinología Por Eme
 
Ubico la mesa frente al ventanal, acomodo el mate, el libro, un lápiz y un papel. Tengo en mis manos el poemario Ciertas horas de la primavera, de Anahí Flores (La Carretilla Roja Ediciones, 2017), que escribió durante esa estación del año 2014, cuando vivía —según sus propias palabras— a dos cuadras de la Plaza San Martín.
 
Me siento, agarro el libro y miro la tapa: es tan delicada que me remite a un haiku. Lo abro, comienzo a leer, y es como si el aroma a primavera me llegara en ráfagas de poesía, y como si el mecanismo de un reloj extraño que además de marcar números muestra diapositivas se pusiera en marcha. Solo que las diapositivas de este reloj cobran vida a ciertas horas del día, o podría decir que a horas precisas y ordenadas, ya que cada poema tiene como nombre una hora específica. Lo que no sé es si todo ocurre en un mismo día; eso es parte del misterio que encierra el libro.
 
Lo cierto es que a medida que las horas pasan y las imágenes van cambiando, percibo que Anahí es una escritora que observa el mundo que la rodea con una mirada atenta y curiosa, y que al traducir esa mirada en palabras me lleva de la mano a recorrer el barrio sobre el que está contando. Y si bien narra en tercera persona manteniéndose al margen de las situaciones (aunque sospecho que no siempre es mera observadora), su presencia se hace sentir; el barrio respira —la inspira— y ella está ahí, susurrando historias que empiezan desde muy temprano. 
 
En este recorrido mediante la lectura, todos mis sentidos están alerta. Puedo oler el miedo al atravesar un «túnel vegetal», sentir el sopor del sueño en el colectivo, o palpitar, incluso, la intimidad ajena impuesta por un viaje en subte en hora pico: «Respiran perfumes y sudores/ como secretos inoportunos».
 
Me detengo por un segundo; me cebo un mate y el gusto a yerba y limón me hace pensar en la acentuada presencia que tiene la naturaleza en el libro, ya sea de manera literal o metafórica: árboles, tierra, pinzas de cangrejo, una serpiente, un pájaro, un pez, el río, el viento, una liebre, las flores, la lluvia, el frío… estos son algunos de los elementos que componen la sinfonía poética de Ciertas horas de la primavera.
 
Y así, leyendo, las horas pasan, las diapositivas cambian y llego a un poema que encuentro muy divertido, que cuenta, en forma de sucesos desafortunados, cómo cae la tarde: todo baja, se resbala o se derrama, “y un caballo da un paso en falso”. Simplemente ¡me encanta!
Voy llegando al final, las luces de la noche se cuelan por el ventanal y el mate se enfría. Es hora de cerrar el libro y dejar que descansen el lápiz y el papel. Pero antes transcribo apenas unas líneas de uno de los poemas que más me gustaron:
 
11:55 PM
 
Una chica atraviesa la plaza.
Cae una lluvia
de flores amarillas.

Texto publicado en Qu 22, abril 2018