jueves, 28 de septiembre de 2017

Rendición

Te escucho. No hablándome.
El viento trae el sonido de tu voz.
Siento el quiebre, casi imperceptible, en tus palabras.
Reconozco el sentimiento que te embarga.

                                   

(Y mientras tú, no sabías nada)      
El mate y la madrugada traen siempre alivio.
Una inmensa sensación de ya está.

martes, 26 de septiembre de 2017

Diario íntimo - 1° parte

Un diario abandonado en la calle. Tapas de cuero bordó, escudo de armas al frente. Sin llave ni candado. Adentro, un pedazo de vida. Acá lo suficientemente ficcionada. Se respetó el tono y el lenguaje, se cambiaron todos los nombres de personas y lugares.

Período: 3 de agosto de 1973 - 3 de enero de 1974
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3 de agosto de 1973
«Por primera vez tengo un diario, escribiré todas las cosas que me suceden cuando estoy triste o alegre. De aquí en adelante el diario de Cristina, con mis secretos más privados».
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6 de agosto
«Hoy me vino el mes, manché el colchón. Para colmo mamá se quedó dormida, pero llegué bien a clase. La mamá de Ana María me llamó para hablar, aparentemente no tengo miedo, pero en el fondo de mí lo tengo. Piensa que hice mal en no darme mucho con ella, pero no es mi culpa si no la saben encaminar para saber tratar con amigos, me revienta que me hable de lujos. Mabel y Pilar están un poco disgustadas por esa razón».
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8 de agosto
«Estoy preocupada por lo que le hice a Ana María, desde ahora prometo ser amiga de ella.
Después de que se fue ma me puse a jugar al elástico y salté. Recién me arreglé las uñas y me las pinté. Tengo unas ganas locas de ir a la fiesta el sábado pero de bailar no tengo muchas esperanzas».
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11 de agosto
«Hoy fui a la casa de Pilar y me probé unas polleras. Después nos vinimos a casa. Mamá nos arregló y nos fuimos a lo de Marta. Después llegamos a “GI-GI” y bailé con el culo mayor de Buenos Aires».
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12 de agosto
«La fiesta terminó hoy a las 4 de la mañana. Cuando me acosté mamá no encontró la cartera y nos levantó. De ahí en adelante discutimos y nos peleamos, Pilar no sabía dónde meterse. A la hora de almorzar apareció la cartera, la trajo el señor del taxi. Pilar se fue y yo me dormí, para que yo me duerma con la tele prendida debo estar muerta».
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viernes, 22 de septiembre de 2017

De no besos

Mi boca es de agua. Hago burbujitas con los besos que no di.

                                                                                 Para Dana.

le agrego este temita, cortesía de f. (el caballero de las minúsculas).
me encanta drexler, lo escucho a veces.

Otras voces

Angie Pagnotta es periodista y escritora, pero por sobre todo es una persona maravillosa, y hace unos días me hizo una entrevista para la sección  "Otras voces" de su blog. Si lo recorren pueden conocer un poco más del trabajo que realiza. Agradezco mucho, muchísimo, el espacio y su cordialidad. Por acá lo dejo para quien guste pasar: Otras voces, por Angie Pagnotta.                                       


domingo, 17 de septiembre de 2017

Once mates amargos

Entre mate y mate leo, y entre mate y mate escribo las impresiones que me dejan los libros que leo. 
Hoy le toca a uno de cuentos de horror (género que me encanta), de un autor contemporáneo:

Sommelier de infiernos, de Cristian Acevedo - Baltasara Editora, 2016



«Más tarde, dentro de unos quince minutos, algo terminará de germinar para siempre».

Esta frase todavía resuena en mi cabeza. Tal vez sea por el anticipo de que algo va a pasar. Y por el “para siempre” que concluye la primera oración del primer cuento de Sommelier de infiernos, de Cristian Acevedo, y que da una idea del final de cada una de las sombrías historias que componen la antología, donde todo lo que pasa es definitivo. Incluso aquella en la que el autor emplea un tono menos tenebroso para narrar cómo un payaso se apodera de un inodoro, deja cierta resaca de inquietud.
 Me es imposible dejar a mi fiel amigo el mate, aunque presiento que esta vez no será la mejor opción. Por lo pronto me cebo uno y lo endulzo con miel.

martes, 12 de septiembre de 2017

No sé cómo decirlo con palabras.

Necesito aprender a dibujar. Un cuerpo desde adentro. Y unas manos oprimiendo el músculo, estremeciendo el latido. Desgarrando órganos, tendones. Llegando hasta el hueso.

viernes, 8 de septiembre de 2017

De fríos y humedades

Dejaron de venir las visitas, de Silvia Sánchez narra la historia de una familia a fines de los noventa, en un pueblo de la Patagonia. Un ambiente cargado de mandatos milenarios que se van pasando de generación en generación: es el hombre el que tiene derecho a trabajar y hay que esperarlo con la comida caliente, los niños en silencio y la cama siempre dispuesta.

El relato transcurre entre anécdotas de otros tiempos, de callecitas perdidas, dolores profundos y lluvias que lavan el aire. La lectura se inunda de aroma a jaramillas húmedas, y lo huelo aunque no sepa qué son las jaramillas, porque la autora tiene esa capacidad de poner en palabras fragancias, fríos y humedades. Sobre todo humedades.
Silvia Sánchez elige al personaje de Valeria para mostrarnos de forma provocativa, los abismos que se abren entre civilización y barbarie en su pequeño seno familiar.
Valeria, como muchas otras mujeres, sufre el maltrato del hombre al que hay que atender y se revela, se vuelve una Valeria animal, agazapada y protectora, a punto de saltar. Pero los gritos y los golpes del hombre no cesan, las paredes y los vidrios se estremecen, los platos vuelan, la lucha se transforma en un baile infernal. Los niños buscan refugio en sus camas tapándose hasta la cabeza, pero también aprenden a mandar: cómo, cuándo y a quién.

Valeria enfrenta las miradas recelosas de sus vecinos, el dedo que apunta acusador. Y enfrenta algo peor: el miedo que le da dejar al “malo conocido” para salir a un mundo en el que, quizás, haya bueno por conocer, y prefiere seguir librando su guerra íntima antes que descubrir lo que hay más allá de la puerta, en un mundo que se le antoja demasiado grande y aterrador.
Hasta que encuentra al silencio como forma de defensa, un silencio que hace al hombre perder espacio, un silencio que cansa al hombre que al final se da por vencido. Pero también un silencio cómplice que se va convirtiendo en su enemigo, que la va enajenando. Y el delgado hilo que la sujeta a la realidad empieza a hacerse cada vez más y más fino, y de a poco, Valeria se va perdiendo en alguna parte entre afuera y adentro, entre vivos y muertos.

Dejaron de venir las visitas es una novela para reflexionar, para no mirar al costado, para no callar.
Y me quedo con Valeria en el corazón después de terminar de leer:
“Valeria, con el mandato de hacer silencio por el resto de la vida para estar a tono con la soledad del sur.”

                                                    Eme.