No sirve que sea
por capricho
o por reflejo
hay que sentarse encima de la cama
ubicarse de frente a la ventana
mirar la lluvia y dejar
que el hilo haga
un estrecho nudo en la garganta.
Degustar
el sabor amargo
que igual deja la fiesta terminada
la puerta que se cierra
las manos que no alcanzan.
Para llorar hay que dejar:
que las cuencas se hagan agua
que los diques se deshagan
que las lágrimas recorran
de a poco la explanada.
Para llorar con gusto hay que dejar.