jueves, 23 de enero de 2020

Recuerdos que trae la noche

"¿Cuándo va a salir ese bebé de su lagunita?"
                           
                                   J (6), octubre 2002

Eso es poesía.
Y su carita de ansiedad.




                                 

lunes, 20 de enero de 2020

Hoy armé la pileta.
Y le pregunté al Universo si podía
cortarla con la obviedad de que mañana llueva.
Le expliqué que era muy cliché.
Me respondió con un cielo cargado de nubes.

miércoles, 15 de enero de 2020

No hay excusas cuando sobran las ganas

Siete de la mañana. Lluvia, mate y leer.
No tengo ganas de ir a trabajar, doy vueltas, busco excusas. Pero en mi casa si un día no se trabaja, no se come.
Me cuelgo escuchando la lluvia, mirando al gato dormir arriba de mi cuaderno, me hago otra tostada.
Se hicieron las ocho. Suena una alarma en la pieza del niño adolescente joven de diecisiete. Que está de vacaciones...
Llueve, le digo. Se levanta igual y se cambia. Me espera Flor para desayunar, dice. Y tiene todavía los ojos inflados por lo poco que durmió.

Definitivamente: no hay excusas cuando sobran las ganas.







martes, 14 de enero de 2020

El cansancio de oscilar

Oscilar
entre un punto y otro.
El de creer que se sabe
y no saber.

Oscilar
entre lo dicho
y lo oculto.

Oscilar
entre lo que debo
y lo que puedo.

Oscilar
entre lo que quiero
y no debo.

¿Y por qué no?

Oscilar
por no saber.

El misterio
induce al cansancio.

Y duele.

domingo, 12 de enero de 2020

Otra vez el insomnio

Me inquieta la noche
y este viento
que ruge como el mar.

Sé que me repito,
pero el insomnio
no es más que eso.

Y ésta es mi guarida.

domingo, 5 de enero de 2020

Doblete de domingo


Abandonar

No eran niños, así que no eran dignos de la palabra orfandad.
Pero cargaban en los ojos la vergüenza del huérfano reciente.
Y no sabían qué hacer con la casa, con sus espacios deshabitados.
Con las ausencias que se amontonaban tapiando puertas y ventanas.

Caminaban tropezando con el peso de sus propios cuerpos
y los malditos deja vu.

Hasta que llegaron los de afuera
y en esa soledad sin nombre se dejaron adoptar.
Y fueron cortando la casa en pedacitos.
Primero de arriba abajo. Después en horizontal.
Y sin su eje ya, empezó a desarmarse como un dadito de azúcar.

                                                   ***

Ahora vivo con mis hijos, en esta casa de huérfanos sin título
en este cuadradito que queda (al que me aferro ridículamente).
Y que no es más que un montoncito de
                                           restos sin definir.




Como te digo una cosa te digo la otra

En el fondo de mi casa se esconde todo el sol de enero.
Y en mis árboles los pájaros hacen nido.
El pasto crece desmesurado y jugamos a que no tenemos pies.
Ni gatos.
Sabemos que están ahí porque el pasto se mueve cuando corren.
A veces se asoma una cola blanca. Otras, una negra. A veces se asoma la perra.
Pobre, ¡nos habíamos olvidado de ella!
El fondo de mi casa es el lugar más feliz del mundo.
Hay sonidos y colores. Y, aunque sea un cuadradito chiquito
rodeado de paredes muy altas,
corre un viento infinito que me arremolina los pájaros y me hace reír.