martes, 24 de marzo de 2026

La muerte ahí

El pecho traquetea como un serrucho que se traba y vuelve,
en un movimiento forzado y áspero.
El cuerpo no reacciona y la mente entiende todo.
El ruido de la máquina de oxígeno. Los pitidos.
Los números que suben y que por momentos caen en picada.

Y la muerte ahí.

Mirándome.

Mis ojos ahora son dos gelatinas saladas sin fondo, pero ven.
Ven a los médicos.
Ven las palabras saliendo en bucle de sus bocas:
"No podemos hacer nada, estamos esperando el paro".

Y la muerte ahí, muerta de risa,
escapando de mi mano lánguida que apenas puede moverse,
llena de agujas y de caños que gotean la hiel que, se supone, viene a salvarme.

viernes, 30 de enero de 2026

Voluntad

Hoy fui a verte.

Cuidadora desastre

a los pies de tu cama.

Luces y frío.

Se me anegan las ganas.

Con esa vocecita de ultratumba me contás

 —como si en mí pudiera asentarse—

que firmaste la orden

de no resucitar.

sábado, 22 de noviembre de 2025

El frío que dejan


 


Ojalá el frío sólo provenga 

de la temperatura exterior:

cinco grados bajo cero.

No de este andar

(sin vos)

necesitando un saquito en pleno verano.



sábado, 25 de octubre de 2025

Las casas en estado de rebeldía (1)

 

Empiezo de atrás para adelante

porque cuando uno va atando cabos

es así.


Primero me rechazó mi casa.

Pensé que se había hartado

de lo tonta.

Me hizo rebotar

en cancha ajena

como pelota.

 

Después la casa de al lado

rechazó al gatito

a la chica y a su actual ex.

 

El torbellino se armó

pim pum pam

y en minutos no quedó nada


La casa de enfrente

revoleó cajas por la ventana

cosas tan viejas como la doña misma que la habitaba.

 

En la esquina se oyó un silbido

la morada del zapatero abierta de par en par

y el viento patinando a sus anchas sobre las lajas.


En la otra punta

donde Melinita

la casa embutió la pileta:

 

metió los columpios

las reposeras

y rellenó todo con tierra.


Las casas del barrio se volvieron locas

¿o seré yo? Que me quedé

cuando hasta el tiempo me dio la espalda.



domingo, 14 de septiembre de 2025

Pero es lo que es.

Anoche soñé con el último hombre que amé y que no me quiso*.

Como todas las veces que lo sueño, estábamos en un lugar lleno de gente.

Tenía de la mano a su pequeño hijo.

Yo, por alguna de esas sinrazones de los sueños, estaba acostada en el piso.

Y desde ahí lo miraba con recelo.

Él se volvía a ver tan alto como fue mientras lo amé. 

En un momento, el último hombre que amé y que no me quiso, se acercó y me dio una carta.

Más bien la lanzó hacia mí. 

Y me miró con ojitos vergonzosos de esto es lo que tengo que decir

Estaba escrita en un sobre de papel madera, grueso y abultado. Pero que no contenía nada.

Igual eso no me importó, lo que me importaba estaba afuera, visible al fin.

La letra era pequeña e indecisa. 

Desde mi lugar, veía cómo la carta se iba acercando en un suave vaivén. 

Pero las letras se volvían cada vez más extrañas, retorcidas. 

En ese momento me dí cuenta de que el sueño comenzaba a diluirse. 

Con desesperación, intenté rescatar alguna frase, pero era un sueño cliché.

Y me llegó un mensaje en palabras desvanecidas que no comprendí.

Así que sigo sin saber lo que el último hombre que amé y que no me quiso me iba a decir.

Se supone que en los sueños se revelan los misteros. 

Y a mí me hubiera gustado saber. 

Descifrar qué es lo que espero todavía, qué es lo que quiero me diga.

 

 






 

*Algo similar a esa frase leí una vez en un poema, pero no recuerdo de quién era. Si alguien lo sabe, agradeceré mucho la información, quiero leer ese libro otra vez.


martes, 5 de agosto de 2025

Parece fácil

Abrocharme el corpiño. Ponerme una remera y arriba un buzo, porque hace frío. Calzarme las zapatillas. Meter un brazo en la campera y después el otro. Cosas de todos los días. Mantener el equilibrio. No caerme contra la cajonera de madera y golpearme la espalda. Recordar que la alarma sonó recién para que me tome los medicamentos. Tomar los medicamentos sin atragantarme: cinco en la mañana, tres en la tarde, dos en la mediatarde, cuatro en la noche. Me parece fácil y que lo podría hacer siempre, cualquier día, todo el tiempo. Cómo no puede ella abrocharse el corpiño, mantener el equilibrio, recordar por qué sonó la alarma, meter un pie en la zapatilla, meter el otro, tomar todos los medicamentos que yo no tengo que tomar. Por qué no puede, si a mí (todavía) me resulta fácil. 

domingo, 27 de julio de 2025

Un sueño más o menos así

Hoy nos vemos. Programamos el encuentro por WhatsApp días atrás. Te paso a buscar por tu casa, como habíamos quedado. Hace mucho que no estamos juntos. Demasiado. Cuando nos encontramos, algo se tensa. Me abrazas fuerte con esa calidez que te pertenece. 

Un hombre llega e interrumpe justo cuando estás por besarme. Tiene una mochila enorme, pienso que es hippie, que está de viaje. Se acerca a mí y me dice que te deje, que hace mucho que no te ve.

Vos no decís nada. Me quedo perpleja. Quiero decirle que no, que yo también hace mucho que no te veo, pero no me salen las palabras. Espero que le digas algo, pero no abrís la boca. Me desconcierta tu actitud.

Te agarra del brazo, te arrastra hacia la calle, te habla. Vos me mirás de reojo, tus ojos dicen que no podés hacer nada.

Intento retenerte con la mirada. El hombre te lleva y te habla, vos le respondés, se ríen. Él me mira con sorna. Con cara de triunfo te aleja de mí. Ustedes caminan juntos, pegados, se mezclan entre la gente, y yo voy un poco más atrás.

En el camino, me cruzo con una mujer, me saluda, voy charlando con ella, siempre mirando hacia donde están ustedes. Vos también me mirás, pero te dejás arrastrar. Yo voy perdiendo la esperanza de tenerte. Vos seguís sin hacer nada.

Sigo caminando, pero ahora el espacio entre nosotros se agranda todavía más. Ustedes van adelante, como si fueran un solo cuerpo. Yo quedo atrás, observando, atrapada en un limbo donde no soy parte de nada. 

Cada paso que doy es un paso en falso. Quiero correr, pero la espesura de la distancia no me permite avanzar.

El ruido de la calle llena mis oídos. Las voces de la gente se mezclan en un murmullo lejano, como si no tuvieran importancia. Solo importa la imagen de ustedes dos, recortados en la multitud, cada vez más lejanos.

Mi mente intenta aferrarse a recuerdos, a momentos en los que todo era distinto, cuando tus manos me tocaban como si el tiempo no existiera. Pero esos recuerdos se desvanecen, flotan en el aire, imposibles de alcanzar.

Te miro de nuevo, con desesperación. Tus ojos no me ven, no me buscan. Solo ves al hombre que te acompaña, esa figura que ahora se interpuso entre nosotros de una manera definitiva.

La gente sigue caminando a mi alrededor. Algunos me empujan, otros ni me notan. Soy una espectadora de algo que no puedo tocar. Quiero llamarte.

De repente, el hombre se detiene y te habla al oído, te reís, esa risa que nunca me perteneció. Me doy cuenta de que ya no soy parte de tu vida, que esa conexión que alguna vez existió se fue deshilachando.

Y yo me quedo atrás. Sin tiempo ni espacio para nosotros.

miércoles, 23 de julio de 2025

Percepción a conveniencia

Algunas personas perciben el valor del dinero según les conviene.

Conozco a una que va a la verdulería y tres mil pesos le parece un montón. ¡Carísimo! Pero cuando le toca cobrar, un millón ochocientos mil pesos por un solo trabajo le resulta poco y ¡No puedo pagarle más a la que limpia! Y el verdulero, ¿qué se cree, che?


Pero siempre vuelve

Tengo un extrañar chiquito, lento y suave. A veces llega de noche, mientras escribo y la pava silba. 

Entonces le digo que no, ahora no, que tenés que esperar. Y se acurruca a un costadito. 

Ahí se queda paciente. Porque mi extrañar es doméstico y tranquilo.

Cuando termino, se mete a la cama conmigo, se hace un bollito, lo abrazo, lo entibio y nos quedamos dormidos.

A la mañana, abro los ojos y mi extrañar ya no está. Sale a pasear, se pierde, con los primeros rayitos de sol.

 🔆


domingo, 5 de enero de 2025

Crónicas costeras 6 - Mini

Con Mini, la vecina de mi hermano, tomamos vino y comimos duraznos frescos en la galería de su casa.

Nos conocimos y me invitó. Nos contamos de todo. Ella tiene 74 años, 20 más que yo, pero mucho mejor llevados. 

Disfruta de los pequeños rituales: abrir el vino. Preparar el fuego con ramas y piñas del bosque. Asar los churrascos "a punto". Preparar la ensalada. Comer siempre en el patio.

Me contó de sus amores, de su militancia siempre activa, de la cooperativa que formó con algunos vecinos en Buenos Aires. 

Mini es alegre, anoche se fue de fiesta al club de jubilados. Me invitó, pero no tuve ganas. Hoy quiere estar presente en un acto por la memoria que se hace en otra localidad costera. Me viene a buscar. Ayer me dijo: Vamos.

viernes, 3 de enero de 2025

¡Qué ambiciosa!

Quise todo y para siempre.
Tanto que no lo supe explicar. 
¿Qué querés?
Todo. 
¿Qué es todo?
Todo. Quiero todo y para siempre. 
¿Para siempre?


Pero todo y para siempre es demasiado. 

🤸🏼‍♀️


 


lunes, 23 de diciembre de 2024

Parkinson

Tengo un amigo nuevo.

Habita en una amiga de mi infancia.

Hoy jugamos al chinchón.

Yo le iba ganando y me preguntó:

¿Tengo que babear para que me dejes ganar?

Nos reímos como si tuviéramos nueve años.


lunes, 16 de diciembre de 2024

Crónicas costeras 5 - Dispenser de frescura

La casita obrador tiene una "ventanita heladera", dijo mi hermano y me explicó: cuando la abras va a correr viento frío. No importa el calor que haga, abrís esa ventanita y corre el viento que viene desde el mar y que atraviesa el bosque de pinos. Así que, desde ahí, siempre vas a tener aire frío.

Sería como la "ventanita dispenser", pienso recordando cuando Max (mi hijo pequeño) bautizó como "dispenser de aire" a una ventanita de nuestra casa, en Buenos Aires. Esa casa que ahora, desde acá, me parece tan ajena y distante.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Crónicas costeras 4 - Al galope

Camino por la ancha Avenida 1, arrastrando la arena mojada, rumbo a la casita. Por la mañana llovió otra vez y en algunos tramos se complica el acceso. Pero me encanta la soledad de este lugar, el olor a pino, el sonido del mar.

Escucho detrás de mí un galope que se va acercando. Es una zona de muchos caballos, están por todas partes, eso también me encanta.

En pocos segundo, ginete y caballo pasan por mi lado. El hombre dice buenos días, respondo tarde porque me tomó de sorpresa, pero sé que me escuchó. Es la falta de costumbre, los días del silencio. 

El hombre, de unos sesenta años y buen porte, está vestido con el atuendo típico de los gauchos: bombacha de campo con faja, alpargatas, camisa con una especie de corbatín o pañuelo que no alcanzo a distinguir, y una boina clásica. No lleva poncho, hace calor.  

Enseguida me saca la delantera, sigo su trayectoria con la mirada. Entra y sale de los amplios patios de las casas, como custodiando.

Los terrenos son enormes y con mucha vegetación: pasto, yuyos, árboles, abrojos, por todas partes. El hombre sale nuevamente a la calle y avanza hasta donde la avenida se corta. Dobla y lo pierdo de vista, pero todavía escucho los cascos de su caballo, resonando en la distancia.


sábado, 14 de diciembre de 2024

Se olvidan de cómo crecen

Cuando están volando

Creen que sus alas 

Siempre estuvieron ahí 

Crónicas costeras 3 - Acá está lo real

Acá está lo real. Es un pensamiento que me invade mientras mi vista se pierde en la vegetación del patio de la casa de mi hermano. ¿Se le puede llamar patio a esta enorme extensión de tierra y pasto salvaje? ¿O se le dice, simplemente, terreno? Le queda mejor terreno, eso es indudable. Patio es una palabra que no alcanza a abarcarlo. Además, acá no hay paredes medianeras. El terreno de la casa de mi hermano está separado del vecino por una flaca y larga soga de nailon, que en algunos tramos desaparece entre los yuyos. 
Esto es lo real, pienso, sentada sobre un palet rodeado de pasto y abrojos. Siento el calor del sol y la brisa fresca que viene del mar y que atraviesa el frondoso pinar que delimita la vista. Las cotorras chillan como locas y las tres gatas de la casa merodean a mi alrededor. Acá está lo real. Lo pienso con el entusiasmo de quien acaba de hacer un descubrimiento maravilloso.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Crónicas costeras 2 - Brillos misteriosos

El brillo contrasta con la opacidad de las maderas roídas.

Me llama. 

Arrastro los pies por la arena húmeda. No sé si soy yo quien empuja el agua cuando llega o si es el agua la que me empuja a mí.

A medida que me acerco, el brillo se multiplica. Se convierte en montones de estrellas distribuidas entre los muchos pilotes que sostienen el muelle, hundidos en la arena y que se internan en el mar.

Me apuro, pero no demasiado. Aunque quiero saber, no quiero que se desvanezca el misterio.

Pero es inevitable: llego.

Las estrellas ahora son chapitas rectangulares. Algunas de bronce, otras de aluminio, otras no sé.

Recordatorios que dicen: "A Luz. Te amaremos por siempre. A 10 años de tu partida. 15/9/78". O: "Jonio", con una cruz tallada de puntitos.

Me provocan curiosidad y angustia. Son muchas. ¿Por qué están ahí? Nunca adivinaría sus historias.

Avanzo hasta donde dejo de hacer pie. Lleno mis ojos con sus nombres clavados debajo del muelle, en los pilotes de madera podrida. 

Leo todos los que puedo. Sus nombres de sal. Lamidos por el agua cada vez que crece el mar.


 

 

jueves, 5 de diciembre de 2024

Crónicas costeras 1 - Volví al mar

Llegué el lunes, hoy ya es jueves, los días pasaron volando.

Vine a cuidar la casa de Juancho, mi hermano, y a sus gatas, pero eso lo contaré después.

Ahora son casi las cinco de la tarde y estoy tomando mate en la playa.

¡Cuánto hacía que no tomaba mate en la playa! Todavía no sé cómo sobrevivo sin mar.

Recuerdo cuando le escribía cartas a mi papá. Cuando era él quien venía al mar.

Aunque tal vez no fueron más que una o dos. Pero siempre digo cartas, como si hubieran sido muchísimas. 
 
Y tal vez fueron muchísimas. 
 
Pasa que, un poco por el recuerdo exagerado de la infancia y otro poco por los recuerdos perdidos en la memoria, yo no sé...

Pero bueno, eso qué importa, como tampoco importa que esté escribiendo mientras el viento me llena el mate de arena.
 
Miro el mar y veo los ojos de mi padre puestos en aquel mar de madrugada.

Veo sus ojos que miraban el mar mientras pensaba en los míos que le imploraban que fuera a la playa ni bien llegara y metiera los pies en el agua.

Veo sus ojos mirando mis ojitos de pequeña flor.
 
Nuestros pensamientos, en la distancia, se enredaban en loop.

Qué densos fuimos para los demás. Ahora me río.

Un pegote de cariño, libros y mar.

Y acá estoy.

Otra vez, después de tanto tiempo, sentada frente al mar.
 
Pero ya tengo que irme, la casa de Juancho queda como a diez cuadras, pero de las de campo.

Se hizo de noche y ni me di cuenta.

 

lunes, 25 de noviembre de 2024

Escribir de noche

¿Cómo era?

Pienso una palabra:

Hambre.

Hambre de palabras.

Pero las palabras se esconden de mi hambre. 

Siento el malestar. 

Mi estómago rugir. 

Tal vez ahí esté el secreto del dolor.

En las palabras que me faltan. 


Escribir de noche es intentar. 

Calmar el hambre. 

martes, 23 de julio de 2024

Te busca mi corazón

¿Quién sos? ¿Grecia Colmenares? 

Me preguntó mientras se vestía.

No sé quién es. Respondí escondiendo la cara.

¿En serio no sabés? Dijo con esa media sonrisa que.


Un rayito de sol entró por la ventana y me llevó.

A la mesa de la cocina mientras mi mamá planchaba. 

El mate siempre humeante esperando sus manos. 

Y en la tele la novela de la tarde. 

 

Su beso me trajo de vuelta. 

Peiné mi llovido pelo largo. 

Pinté mis labios de rosa suave. 

Lloré otra vez.



Más Grecia no se consigue.