miércoles, 26 de mayo de 2021

Sentimientos mutantes

La ventana de su departamento da al fondo de mi casa. El perro ladra y ladra. Yo me molesto, le grito que pare de ladrar. Pasan las horas, se hace de noche, el perro llora. Y su llanto me contagia la tristeza.
Le hablo, le pregunto por qué llora. El perro, como toda respuesta, rasca el tejido de la ventana.
Alguien abre su puerta, prende una luz, le acerca un plato de comida. Cierra la puerta.
Es lo que intuyo, únicamente me guían los sonidos. Ni una palabra humana. Y el perro no para de llorar.
Mi enojo fue mutando a tristeza y ahora a preocupación. Qué será de sus dueños, ¿por qué ya no los escucho cantar?

Estúpida pandemia.


martes, 25 de mayo de 2021

De hijos


















Hijo mayor cambia café por mate (mate con café). Me roba el mate, mi mate.
Me cuenta un descubrimiento: "Ahora sé por qué nunca tenés frío".

Listo, robame todo.

domingo, 23 de mayo de 2021

Domingo de Ramos

Una extrañeza

me arrebata

este domingo

de sordo ventanal.

Que muta

en Día Después.

 

Domingo de Ramos

ceremonia solemne

para guardar las palmas

hasta el próximo carnaval.

 

Domingo

después de Talcahuano

de furia impiadosa,

de sed,

de cuerpos vivos,

desamparados.



Nuevo trabajo (para bien y para mal) me tiene lejos de este paraje. Hoy tocó descansar. Día de suerte.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Talcahuano desde el balcón

Pasa una mujer embarazada con una botella de cerveza en la mano.

Se para de frente al cartel que muestra a otra mujer con el puño en alto y proclamando: ¡Aborto legal, ya!

La mujer embarazada repite en voz alta: Aborto legal, ya.

Sigue caminando y dice: Estoy tan cansada...

Levanta la botella de cerveza y grita: ¡Te voy a comprar esta mierda... ya!


Cerrado por derribo

A veces los finales caen todos juntos como bombas.
Pensaba el domingo de la semana pasada (8/11) en todas las cosas que se terminan con este (casi) final de 2020 malherido:
La revista que viene resistiendo desde hace años (que amo con locura y con pasión).
Este querido lugar en donde trabajo (trabajaba) desde hace cinco (¿o seis?) años.
Y con este lugar, el final de la Petite Librairie (esta pequeña librería, puertas adentro, que inventamos).
Y pedía por favor (por favor) que no se termine nada más.
Y se me vino a la mente esa canción de Sabina que dice: cuando al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos. 
Y se me ocurrió buscar la letra, y hablaba de amor. 
Y rogué que no... que no se termine el amor.
Y me fui a dormir diciendo te quiero (y sintiendo te amo).

Y me desperté (el lunes de madrugada, con un cachetazo más de realidad) llorando.

Y se me vino a la mente otra vez la canción de Sabina:

Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo.
Para decir "condios" a los dos nos sobran
los motivos.

Pero no quiero, no.