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viernes, 4 de noviembre de 2022

Ataca Kamchatka - Poesía

martes 3 de mayo de 2022


Ese día, martes 3 de mayo, presentamos el libro que acometí. 

Muchos de los poemas publicados en Ataca Kamchatka (Esa luna tiene agua, 2022) son textos que reflejaban situaciones, vivencias y que escribí por estos lares. 

Una noche en #Talcahuano, mi amiga María los leyó de corrido y me dijo: "Esto es un libro, lo quiero publicar". Tal vez habíamos bebido (un poco), pero al otro día lo repitió. 

Pasaron más de dos años desde esa noche en plena pandemia. 

Y al tiempo de esa propuesta, María se puso una editorial, y acá estamos. Claro que lo de ponerse una editorial ya lo tenía pensado, pero puedo presumir de hacer punta. #Soylauno

En fin, cosas que pasan. Si ella no lo hubiera pedido, yo nunca los hubiera publicado. 


Milly, Yo, María y Giselle



Me acompañaron en la presentación estas bellas mujeres:

Milly Vazquez Giselle Aronson María Staudenmann

📷 Sol Miño

Además de publicar un libro, tuve el tupé de inaugurar la editorial Esa luna tiene agua.

Pasaron muchas cosas lindas desde ese día. Y siguen pasando.

Para buenos deseos y/o quejas dirigirse a: esalunatieneagua@gmail.com o mirtha.care@gmail.com


Algunas fotos de mi amigo el poeta Jorge Curinao. Me las trajo el viento sur. 





Textos de contratapa: 


Itinerario de un viaje sin destino certero, calendario de un tiempo en espiral. Ataca Kamchatka, la orden de invasión al territorio que estos versos configuran. Se suceden las fechas y las estaciones; sin embargo, el recorrido es un relieve de cuerpos y días que transcurren en espacios cotidianos, en una calle con nombre de batalla, entre paredes que ofrecen el alivio de mates y sopas, fuegos y silencios. La incógnita queda flotando: ¿quién es el invasor y quién el conquistado?

— GISELLE ARONSON —


Mirtha Caré usa la palabra como semilla. Es sembradora. Algo presiona los límites de los versos, los parte y les crece: una raíz. Sus poemas germinan hacia adentro. Desde algún canal subterráneo, una sensación de pocas letras avanza sin prisa.

— MARÍA STAUDENMANN —


El dibujante Alejandro Arias se copó e ilustró (a lápiz) algunos poemas, así, porque le dio ganas. Estas ilustraciones no son parte del libro, vinieron después.

Siempre gracias.



    El ojo en la hoja, de Alejandro Arias, para mi poema "Otoño".

1° de junio de 2019

                  sábado

OTOÑO


De las puntas de mis dedos

se desprenden las hojas.

Caen.

—Las raíces tiemblan

con la intimidad

del contacto—.

No es el viento

ni son los años

los que las derriban.

Es el peso de tu cuerpo

rendido

extraño

en las ramas altas

de mi árbol.

Sauce llorón.


Para quien guste pasar: más poemas ilustrados en Burak. (Gracias, Babic).


Me acompañó en esta travesía, la música de Lisandro Aristimuño (que es como un río que avanza y amansa).


viernes, 8 de septiembre de 2017

De fríos y humedades

Dejaron de venir las visitas, de Silvia Sánchez narra la historia de una familia a fines de los noventa, en un pueblo de la Patagonia. Un ambiente cargado de mandatos milenarios que se van pasando de generación en generación: es el hombre el que tiene derecho a trabajar y hay que esperarlo con la comida caliente, los niños en silencio y la cama siempre dispuesta.

El relato transcurre entre anécdotas de otros tiempos, de callecitas perdidas, dolores profundos y lluvias que lavan el aire. La lectura se inunda de aroma a jaramillas húmedas, y lo huelo aunque no sepa qué son las jaramillas, porque la autora tiene esa capacidad de poner en palabras fragancias, fríos y humedades. Sobre todo humedades.
Silvia Sánchez elige al personaje de Valeria para mostrarnos de forma provocativa, los abismos que se abren entre civilización y barbarie en su pequeño seno familiar.
Valeria, como muchas otras mujeres, sufre el maltrato del hombre al que hay que atender y se revela, se vuelve una Valeria animal, agazapada y protectora, a punto de saltar. Pero los gritos y los golpes del hombre no cesan, las paredes y los vidrios se estremecen, los platos vuelan, la lucha se transforma en un baile infernal. Los niños buscan refugio en sus camas tapándose hasta la cabeza, pero también aprenden a mandar: cómo, cuándo y a quién.

Valeria enfrenta las miradas recelosas de sus vecinos, el dedo que apunta acusador. Y enfrenta algo peor: el miedo que le da dejar al “malo conocido” para salir a un mundo en el que, quizás, haya bueno por conocer, y prefiere seguir librando su guerra íntima antes que descubrir lo que hay más allá de la puerta, en un mundo que se le antoja demasiado grande y aterrador.
Hasta que encuentra al silencio como forma de defensa, un silencio que hace al hombre perder espacio, un silencio que cansa al hombre que al final se da por vencido. Pero también un silencio cómplice que se va convirtiendo en su enemigo, que la va enajenando. Y el delgado hilo que la sujeta a la realidad empieza a hacerse cada vez más y más fino, y de a poco, Valeria se va perdiendo en alguna parte entre afuera y adentro, entre vivos y muertos.

Dejaron de venir las visitas es una novela para reflexionar, para no mirar al costado, para no callar.
Y me quedo con Valeria en el corazón después de terminar de leer:
“Valeria, con el mandato de hacer silencio por el resto de la vida para estar a tono con la soledad del sur.”

                                                    Eme.







viernes, 1 de noviembre de 2013

Recuerdos que trae el agua.


Los días de lluvia nos quedábamos horas tirados en la cama, viendo a través del ventanal cómo caían las gotas. Hablábamos durante el tiempo que duraba el temporal sobre algún libro que me había recomendado.
El olor a tierra y pasto húmedo lo llenaban todo. 

Desde que empezaba un  nuevo libro no hacía más que esperar la lluvia.



Recordando a mi viejo.