Se congelan las canillas, allá por el sur ventoso.
Me intereso en el tema y me entero de que "hay un cable que es resistivo"
que calienta el caño.
Pero que nadie lo tiene.
Que algunos envuelven las canillas con poliuretano o telgopor.
O con lana de vidrio.
Y el que puede hace una cabina con puerta.
Me dicen que se congelan los tanques de agua que están en los mangrullos.
Y yo pregunto cómo es lo del mangrullo y el tanque de agua.
No me contestan.
Me entero de que cada año algunas canillas de afuera se parten.
"Todos los años se congela y se raja", dice mi hermano.
Que los bomberos dejan abiertas las bocas,
un poquito,
para que circule,
en los lugares más fríos, como en el cerro.
Y yo me imagino a los bomberos con las bocas abiertas,
dejando gotear el agua,
para que no se congele,
o para apagar un incendio.
O encenderlo.
Me cuenta mi amigo el poeta,
que allá, más al sur, donde el frío llega a diecisiete grados bajo cero,
adonde el viento no permite la huida,
las canillas se congelan.
Que está "saliendo cada dos horas a deshielar la canilla".
Y de ahí que yo me pongo a averiguar.
Acá, en Buenos Aires, las canillas no se congelan.
Simplemente se quedan sin agua, a veces.