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viernes, 25 de mayo de 2012

Desde un blog vecino - Terminado!!

Cuento Colectivo 5


                   OJALÁ QUE NO NOS VEAMOS NUNCA MÁS

Primera parte
Marilú Cristián

Fragmentos de subte.
“…no, boluda, ¡así no va!, o sea, yo respeto al que piensa distinto, todo bien, pero eso conmigo no… entonces le dije: flaco, escuchame, todo bien con que salgas con tus amigos, pero que vuelvas a las 10 de la mañana tan borracho que te tenga que sostener, no, ¿entendés?…”
“… hecho mierda, y para colmo el miércoles avisaron que estas horas extra son obligatorias y que al que no se quede se las van a descontar del sueldo, ¿podés creer, estos hijos de puta? ¡Horas extra obligatorias! Pero viste como es, hay que agachar la cabeza y cuidar el laburo…”
“…es una vergüenza. Esa chica siempre fue un dolor de cabeza para los padres, desde que era bebita. Y eso que en su momento yo les dije, por supuesto que sin ánimo de ofenderlos, sino para evitarles disgustos… yo les dije: miren que estos chicos adoptados del interior sólo traen problemas…”
Aunque tengo los ojos clavados en el libro que en vano trato de leer, puedo imaginarme las caras, los gestos, las miradas y las intenciones de la gente que, como yo, viaja enlatada de aquí para allá puteando y odiando y sufriendo bajo las máscaras de la falsa fortaleza, la falsa dignidad, la falsa solidaridad y la falsa ingenuidad. Al fin y al cabo, que somos una manga de ratas cobardes y sadomasoquistas que vivimos de prestado mucho más tiempo del que nos merecemos.
Cierro el libro y levanto la vista de golpe. Me duele la cabeza y mi paladar mata por una cerveza helada. Miro alrededor, entorno los ojos. Cuando el traqueteo rítmico y el ruido atronador del subte me lo permiten, más fragmentos. Más de lo mismo.

viernes, 10 de febrero de 2012

La lectora del silencio





Estaba alucinada por su silencio. No sabía qué decir, después de encontrarse con esa no-respuesta. Por otro lado era obvio que la falta de ruido quería decir alguna cosa, que la falta de palabras significaba algo. ¿Pero qué? Se quedó anonadada y huyó, simplemente. No podía enfrentarse a sus duros ojos marrones, silenciosos, como el peor de los depredadores. Para mitigar sus ansias escogió viajar. Debía darse un paseo por la ciudad para tranquilizarse, pero no quería caminar. Así que se subió al metro y viajó.
¡Cuántas cosas se dicen del silencio! Ella conocía a un autor que lo retrataba muy bien. Porque el silencio de su pareja había sido atroz, ensordecedor, terrible y había desmoronado todo su interior, mucho más que si hubiera utilizado alguna palabra. Así lo explicaba Kafka.
“Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio.”  
Cuando ella le había pedido sinceridad absoluta él había contestado con silencio. Cuando ella le había pedido fidelidad, él había guardado las palabras detrás de sus labios cerrados. Cuando ella le preguntó vanamente, sumida en una tristeza inconmensurable, si todavía la quería, él había mantenido el silencio.
Silencio absoluto y mirada penetrante. Así decía Kafka que las sirenas miraban a Ulises. “En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez por el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises.”
¿Qué clase de maldad le llevaba a hacerle eso? ¿Es que realmente no quedaba nada de la felicidad que habían compartido? ¿Es que todos esos recuerdos que desfilaban por su memoria no valían nada? Las caminatas por Paseo de Gracia, el bar de las Hadas, las noches de verano a la luz de las velas, los teleféricos a Montjuic, las tardes de otoño en el Parque Güell…Quizás fuera otra la hipótesis que tuviera que tener en cuenta.
“Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo.”
¿Estaría sólo ella convencida de que ese silencio tenía un significado? ¿Sería su locura la que se desataba a partir de la falta de palabras, de la falta de acciones? ¿Qué clase de estúpida sería si fuera así?
¡Pero eso no podía ser! Ella estaba segura, tenía unas pruebas, unos patrones, LE conocía. Sabía que no podía ser un fruto de la casualidad y que su reacción no era desmesurada. Había huido para no enfrentarse a ese silencio desolador, como Ulises, que se había encadenado y tapado las orejas para no escuchar a las sirenas. Pero, oh, cuánto deseó ser el griego en ese momento, porque se sentía navegar también, pero por un mar de incertidumbre, de bóvedas encriptadas que tenía la ligera noción de entender y la desconcertaban aún más. Se sentía encadenada ante la visión de un espectáculo cuanto menos grotesco e hiriente, mucho más que la descomunal danza de las sirenas, la vida misma, el amor mismo, caótico como es, terrible, desequilibrado, lleno de locura y movimiento.
Acabó de leer la última parte del cuento mentalmente, sabiéndoselo ya de memoria:
“Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.”
¡Cuánto deseó poder ser como Ulises entonces!

                                                               [[  Walter Germán van Diest.-  ]]


Me encantaaa... y aunque podría quedarme pensando en alguno de los silencios que enfrenté (enfrento) en mi vida, sencillamente no quiero, su belleza me cautiva. Este relato me transporta, me lleva a pasear, me sumerge en un cuento, por unas calles, entre leyendas y mitos, gracias Walter, otra vez!  Espero lo disfruten como yo, déjense llevar...

jueves, 12 de enero de 2012

Bendita inspiración





Cualquiera le dijo a todo el mundo:

Trata mi cuerpo como a la página de un libro.
Léeme,
lee mis expresiones, mis cejas, mis labios, mi lengua al hablar.
Mis ojos. Entiéndelos. No digas nada. Y así dilo todo en esa página.
Escribe tu historia, soy un espejo. Soy la página en blanco que siempre queda.
Esa cara totalmente nueva sobre la que puedes escribir.
Haz y deshaz.
Escribe aquello que quieras, dibuja, tacha, rompe y vive. Expresa tus emociones.
Interprétate.
Ve lo más profundo de ti en mi hoja.
Soy cualquier libro que hayas leído. Soy cualquier libro que hayas escrito.
Soy tú fuera de ti. Enséñate a ti mismo.
No temas.
Pero bueno, ten en cuenta que sólo soy una página.
Si escribes demasiado rápido, o la llenas de algo que no te gusta, me gastaré.
No querrás ver lo que has hecho, ni habrá más espacio para que lo arregles.
Pero hasta entonces tienes tiempo.
Aprovéchalo.
 
    [[ Walter G. van Diest ]]


Lo que puede sugerir una frase... ¡Me encanta!

 

"Trata mi cuerpo como a la página de un libro" frase de la película The Pilow Book