martes, 24 de marzo de 2026

La muerte ahí

El pecho traquetea como un serrucho que se traba y vuelve,
en un movimiento forzado y áspero.
El cuerpo no reacciona y la mente entiende todo.
El ruido de la máquina de oxígeno. Los pitidos.
Los números que suben y que por momentos caen en picada.

Y la muerte ahí.

Mirándome.

Mis ojos ahora son dos gelatinas saladas sin fondo, pero ven.
Ven a los médicos.
Ven las palabras saliendo en bucle de sus bocas:
"No podemos hacer nada, estamos esperando el paro".

Y la muerte ahí, muerta de risa,
escapando de mi mano lánguida que apenas puede moverse,
llena de agujas y de caños que gotean la hiel que, se supone, viene a salvarme.

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

La muerte debería recordar que necesita los vivos, los mortales, para no quedarse sola. Y tener que llevarse a si misma.
Besos.

Frodo dijo...

A veces me doy vuelta rápido para ver si la puedo sorprender pero
zás
es muy astuta.
Quién sabe qué forma tendrá, la que buscaba el personaje de Borges estaba en un duelo de facas, en el Sur.

Sea como fuera, me alegro de volver a leerte, Eme,
Besos