Vine a cuidar la casa de Juancho, mi hermano, y a sus gatas, pero eso lo contaré después.
Ahora son casi las cinco de la tarde y estoy tomando mate en la playa.
¡Cuánto hacía que no tomaba mate en la playa! Todavía no sé cómo sobrevivo sin mar.
Recuerdo cuando le escribía cartas a mi papá. Cuando era él quien venía al mar.
Aunque tal vez no fueron más que una o dos. Pero siempre digo cartas, como si hubieran sido muchísimas.
Pero bueno, eso qué importa, como tampoco importa que esté escribiendo mientras el viento me llena el mate de arena.
Veo sus ojos que miraban el mar mientras pensaba en los míos que le imploraban que fuera a la playa ni bien llegara y metiera los pies en el agua.
Veo sus ojos mirando mis ojitos de pequeña flor.
Qué densos fuimos para los demás. Ahora me río.
Un pegote de cariño, libros y mar.
Y acá estoy.
Otra vez, después de tanto tiempo, sentada frente al mar.
Se hizo de noche y ni me di cuenta.