miércoles, 7 de febrero de 2018

Y mis ojos se llenaron de ella

Esta mañana la vi cruzar el portón como todos los días y sin embargo no era la misma. 
O era yo, que la miraba por primera vez con estos ojos.
La vi llegar hasta la vereda y cruzar la calle, distraída. 
Como todos esos otros días en los que había brillado su inexistencia. 
La vi cruzar esta callecita de tierra, tan lejos del mundo.
La vi como otras mañanas, con su vestido naranja de algodón.
Ese que, ahora sabía yo, le sentaba tan bien.


sábado, 3 de febrero de 2018

Oliverio Girondo


12
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.


 Girondo de noche.

Los escritores son seres peligrosos

Los escritores son seres peligrosos, malvados. Los inteligentes, los astutos, los que saben lo que hacen. Esos que logran que un párrafo, un capítulo, una historia cierren. Que un punto suelto en cualquier lado sea luego recogido y amarrado. Y nosotros, los lectores, disfrutamos cuando eso pasa, festejamos en nuestro silencio el objetivo logrado.

Pero esto no hace de los escritores buenas personas: dije que son peligrosos, malvados, y lo son; nos mantienen expectantes, nos roban el tiempo, manipulan nuestros sentimientos. A veces hasta nos asfixian con una palabra, y pueden usar esa artimaña tanto en una historia romántica como en una de terror. Una vez leí un libro (del que ahora no me acuerdo el título) donde el asesino mata a su víctima cruelmente, a sangre fría, hay malicia y espanto; y de repente, cuando termina de consumar su acto, el tipo queda ensimismado, sumido en una tristeza que lo vuelve diminuto, vulnerable… aunque en realidad el que se vuelve vulnerable es el lector, vos y yo. Y ahí, cuando el escritor (el verdadero perverso acá) ya ha envuelto al asesino en un clima de remordimiento y pesar, ahí, en ese momento, en ese preciso momento, tira la frase matadora, algo así como la “lenta lluvia de renuncias” de Cortázar o el “Soy un pedazo de miedo” de Ingberg. Qué sé yo. Éstas las pongo como ejemplos, nada tienen que ver con historias de terror (o sí, pero de las otras).

¿Y qué decir de la poesía? (de la que te corta las venas). El “Nadie pierde (repites vanamente)” de Borges, que una vez leído no se puede más que recitarlo infinitas veces como un mantra hipnótico. Y tantas otras palabras que se me vienen a la cabeza pero prefiero ignorar.
Pero cuidado: los escritores peligrosos no se limitan a la prosa o al verso. Estamos hablando de seres humanos con malos hábitos: la frasecita en cuestión te la pueden tirar mientras compran el pan, esperan el colectivo o hacen un asado. Ponele. Entonces nos dejan recalculando. Sí, son peligrosos aunque no estén escribiendo una historia.

Hace poco leí al francés Yann Andréa y pensaba opinologiar sobre uno de sus libros, pero entonces me di cuenta de que la malicia es un mal global que padecen (disfrutan) todos los buenos escritores. Yann, por ejemplo, secretario, amante y compañero de Marguerite Duras (otra grosa híper malvada), escribió sobre el período vivido junto a la escritora, un período de mucho sufrimiento, angustia y desesperación. Y a pesar de que narra una historia real, no puede dejar de ser lo que es, un escritor asesino, y de tirarte frases tipo “Leo en voz alta para merecerte”…vamos, seamos sinceros, miró al lector a los ojos y le clavó el puñal entre ceja y ceja. Ya… no estoy diciendo que lo hacen apropósito (solamente lo estoy pensando); lo que digo es que se nutren, a sabiendas o no, del efecto poderoso de sus palabras.

Ya sé, alguien me dirá que estoy proyectando… y bueno, sí, un poco, porque los lectores también necesitamos eso, nutrirnos de sentimientos hechos palabras, de acciones valientes, consumadas, meternos en esa otra dimensión y encontrar todo lo que en esta no encontramos, no porque no exista, sino que a veces está oculto, disimulado (¡¿por qué?!).

Y ésta es la parte en la que me enrosco y ya no sé ni lo que quiero decir, y me pregunto quién me manda a mí a estar haciendo esto, mejor me voy a calentar el agua, agarrar un libro y hacer lo que mejor me sale: claudicar, digo, leer.

Columna: Opinología Barata - Qu N°18, noviembre 2016

jueves, 1 de febrero de 2018

No te nombro

Porque nombrarte es hacer que existas
en esta calle mal iluminada

que no te merece.