domingo, 17 de septiembre de 2017

Once mates amargos

Entre mate y mate leo, y entre mate y mate escribo las impresiones que me dejan los libros que leo. 
Hoy le toca a uno de cuentos de horror (género que me encanta), de un autor contemporáneo:

Sommelier de infiernos, de Cristian Acevedo - Baltasara Editora, 2016



«Más tarde, dentro de unos quince minutos, algo terminará de germinar para siempre».

Esta frase todavía resuena en mi cabeza. Tal vez sea por el anticipo de que algo va a pasar. Y por el “para siempre” que concluye la primera oración del primer cuento de Sommelier de infiernos, de Cristian Acevedo, y que da una idea del final de cada una de las sombrías historias que componen la antología, donde todo lo que pasa es definitivo. Incluso aquella en la que el autor emplea un tono menos tenebroso para narrar cómo un payaso se apodera de un inodoro, deja cierta resaca de inquietud.
 Me es imposible dejar a mi fiel amigo el mate, aunque presiento que esta vez no será la mejor opción. Por lo pronto me cebo uno y lo endulzo con miel.



En Sommelier de infiernos, Cristian Acevedo nos invita a catar, a degustar el horror en cada historia. Cuentos cortos, cero extravagancias, finales contundentes. Ahora que tan aplaudidos son los finales abiertos, él apuesta al cross de derecha y consigue ganar por knock-out.
El primer cuento, Influencias, gira alrededor de una pregunta que imagino deben escuchar (padecer) muchos escritores del género de horror: de dónde provienen sus lóbregas ideas, cuáles son los motivos, las “influencias” que los llevan a concebir historias siniestras. Tal vez yo misma la haya formulado alguna vez, y después de leer este relato me juré no volver a hacerlo nunca más (mentira).
La historia transcurre en una conferencia de prensa. El entrevistado es un escritor que ya ha escuchado muchas veces esta incómoda pregunta y hasta ahora había contestado sin contestar: «No sé de dónde provienen las ideas, sólo me llegan». Pero ahora decide que va a ser más sincero, que va a hurgar en sus recuerdos para, quizás, responderse a sí mismo de una buena vez si en verdad no existe un motivo, una “influencia”. Así, el relato se va tornando regresivo y se va espesando poco a poco, hasta desembocar en un final espeluznante. Intento superarlo con un mate, pero lo que atraviesa mi garganta es un trago de hiel.

Igual el agua ya está fría, así que pongo a calentar la pava y mientras espero cambio la yerba, cambio la página y releo un pasaje del cuento que más me gustó: “El hombre de adelante”:
«Y enseguida el silencio. Más siniestro que los susurros. Porque el silencio era el silencio y a la vez la pesadumbre, las sombras, la espera».
La locura, más que la muerte, es algo en lo que me da miedo pensar. Imaginar que uno puede perderse para siempre adentro de sí mismo azuza mi claustrofobia. Y la sensación de claustrofobia que provoca este cuento me lleva a pensar en la locura.
Tampoco puedo dejar de pensar en el desenlace, esa vuelta inesperada, esa trampa que te deja con ganas de gritar (o de pegarle a alguien) sin poder salir a hacerlo…
En los once cuentos cortos de Sommelier de infiernos, Cristian Acevedo consigue transmitir angustia y desesperación con las palabras justas. El libro da para decir mucho más, pero el mate y este espacio no. Para releer, mejor voy por un Cabernet Sauvignon.

🥂

Columna: Opinología barata - Qu 20, julio 2017

12 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Un hallazgo la etiqueta.
Me gusta el género del terror. Una antologia de cuentos puede ser algo interesante.
Y también leer mientras se toma mate

Eme dijo...

Si te gusta el género te lo recomiendo, no tiene desperdicio.
Muchas gracias por pasar, Demiurgo.

¡Buen domingo!





Ojos miel dijo...

Me encanta cómo este texto relata lo relajado y lo ameno de leer un libro con uno mismo... y con un mate. ♥
¡Belleza!

Eme dijo...

Muchas gracias, Ojos miel! Qué lindo lo que me decís. Te mando un abrazo.
💙

Dana dijo...

Yo te lo leo con un vino! Para ir anestesiando.
No, no voy a volver a leer terror.
Ja.
Nunca mas.
Besos Eme!

Eme dijo...

Sí, Dana. Como yo, que nunca más voy a comprar un libro. 😉
Besos, linda!

Un punk ignorante dijo...

Todas las sensaciones y cuestionamientos que puede provocarnos un libro. Muy bien expresado, gran post.

Eme dijo...

Un montón de sensaciones, tal cual, tantas que hay que dejar cosas afuera para que no se haga demasiado largo.
Gracias por tus palabras, punk!

f dijo...

eh!
yo esto ya lo había leído...
¿?

y si.
el cuerpo guarda el reflejo de todos los pedazos de espejos rotos de todos aquellos que nos marcaron por cualquier razón.
(que oración mas larga para f!)

Eme dijo...

Sí, f! Lo volví a colgar porque le hice unos retoques.
Por cierto, qué blogger botón.
Pero no sólo guarda el reflejo de los pedazos rotos, guarda el reflejo de todas las rutinas. Un tiempo al menos.

f dijo...

cuanto más buenas, más tiempo...
por suerte tenemos tendencia a olvidar lo malo!
;)

Eme dijo...

Aclaro para los que gustan de leer los comentarios (que somos muchos) que con f hablamos de un post que borre y que (creo) volveré a colgar, ampliado.
Eso.