lunes, 22 de junio de 2015

Reflexiones


Y bueno una buena felicitación de cumpleaños tenía que tener algo. Un dibujo, un tema, algo! Como ya hace mucho que no dibujo y lo que quiero es regalarte algo que al menos se entienda; y tampoco tengo nada para grabarte un tema; te mando algo que escribí hoy, recordando muchas muchas cosas. A veces los días te traen recuerdos, memorias y empezás a hilvanar ideas. 

Libertad de ser inteligentes hasta el punto de no necesitar a nadie por encima. 
Las teorías de mundos diferentes que conozco siempre puntualizan la cantidad de tareas que deben llevarse a cabo. La dificultad de las mismas. Y el reparto de las tantas entre diversos organismos. Ya pueden ser ideológicas o filosóficas, las teorías acaban repartiendo tareas de tal manera que hasta en las más colectivistas siempre hay un pequeño poder.
Siempre menospreciamos a los demás. Son tontos. Idiotas. La gente es la que se equivoca siempre. Son "ellos" los que se han corrompido por el sistema. Son "ellos" los que quieren dinero y nada más. Son "ellos" los culpables de las crisis, las guerras, las matanzas, el hambre, la riqueza y la pobreza. Siempre ese "ellos" tan impersonal, intemporal, incorpóreo. In. También de innecesario. Es "la gente" la que se cree las papanatas. Es "la gente" la que vota equivocadamente. "La gente" que vive aislada. Se habla mucho de la apatía. Busquen en los periódicos. "La gente cada día es más apática". Es esa gente (siempre de manera inconcreta) la que pone palos en nuestras ruedas. Es la gente la que no hace nada y entonces nos obliga a no hacer nada también. 

La desconfianza. 
Nosotros tenemos estos problemas. No confiamos en nadie. No creemos en nadie. Tenemos muchas ideas y también mucho miedo. Y eso nos hace ingenuos. No de la manera en la que un ingenuo creería todo lo que se le dice. Sino ingenuos en la manera de gestionarnos. Sin confianza nos ponemos palos en las ruedas. Nos quejamos unos de los otros sin bajar la mirada más allá del hombro. Creemos que a las conclusiones que hemos llegado de manera personal nadie más ha llegado. Y si nos ponemos a hablar queremos tener razón. Porque los demás son el problema. 

Egoístamente. 
A pesar de ser egoístas, desconfiados, insultantes y vagos no nos tenemos para nada en cuenta. Ni una pizca de amor propio. Damos por hecho que todo está comprometido y que las cosas deben funcionar así. Nos guste o no. Que no tenemos ni voz, ni voto, ni lugar y que al seguir la corriente podremos ocuparnos de las cosas realmente importantes como el amor, la felicidad... 

De forma vacía, vaga y lejana. 
Me hace gracia cuando dicen que este tipo de cosas son inmateriales. ¿Materiales de materia? Todo es materia. Dónde estés tú, ser corpóreo, podrás sentir tu felicidad, tu amor, tu amistad, tu... ¡tú!
Hay demasiadas vertientes. Nos hemos creado un laberinto de caminos sin salida y de caminos de los que podemos escapar pronunciando las palabras mágicas. Utopía. Distopía. Mundos paralelos construidos de intelecto. Mundos que descartamos desde el primer momento. Pequeños resplandores que ignoramos por completo, por miedo, desconfianza, egoísmo y vageza. Ahora lo voy a hacer. Ahí viene: a mucha gente le gustan las utopías. Les gusta soñar con posibilidades. A mí me encantan las distopías. Aquellos mundos fríos, crueles, horribles que están creados sobre bases que en teoría deberían ayudarnos a ser mejores. Me hace pensar.

¿Mejores para quién? 

Individuos. 
Nietzsche estaba loco, ¿no? Y hablaba de superhombres. ¿Qué tal individuos? ¡Libres! ¿Pero cómo? 
Veo gente en el trabajo equivocado. Con la pareja equivocada. Grandes artífices. No es que se deseen el mal. No es que no lo sepan hacer mejor. Es que no confían ni en ellos mismos. Y porque se han rendido. Vivimos en la era de la motivación. ¿Por qué necesitas motivarte? ¿Es que no te basta con vivir? ¿No te basta? 

¡Basta! 
¿Dónde está el error? ¿Qué hacemos mal? ¿Por qué no sabemos suministrar los excesos del norte para ayudar al sur? ¿Por qué nos endeudamos construyendo casas en las que nadie habitará mientras levantamos vallas para que no vengan los sintecho? ¿Por qué la pobreza es un tema tabú? ¿Y por qué no la erradicamos? ¿Por qué tenemos miedo a cualquier cambio? ¿Por qué cuando hablamos de nosotros como especie usamos la tercera persona? 

Si me preguntas, te diría que no tengo una respuesta. Las soluciones no existen, sólo replantean el problema de diferente manera. Del pasado podemos aprender. Ahora toca construir aquello que nos sucederá. Aquello que sobrevivirá a nuestra inevitable muerte. Y los únicos que tienen la clave para el futuro son los niños. Aquellos niños que criamos y educamos hoy. La ecuación es simple. Si lo hacemos de la misma manera, ¿no serán iguales o muy parecidos a nosotros? El tabú es conservador. El futuro no está escrito. No está cerrado. La posibilidad es lo que da vida al futuro. Sino, pregúntenle a los agentes de bolsa. 

Sólo una educación libre puede crear individuos libres. Libres de ser inteligentes hasta el punto de no necesitar a nadie por encima. De dejar de temer y de desconfiar. Felices de ser quienes son y con ganas de vivir y de hacer aquello que aman. Individuos que empiezan por aceptarse tal como son, nuestro gran dolor de cabeza, ¿eh? No hay partidos políticos. No hay ideologías. Ni siquiera filosofías. La libertad no entiende de etiquetas. La aceptas tal como es, un desafío mental. ¿Te atreves? 

                                                                                               Walter Germán van Diest 

Y sí, una palabra lleva a la otra. Tiempo para compartir. 
Pero esa será otra reflexión, quizás.  
Gracias, amigo y compañero, del otro lado del charco.


No hay comentarios: