domingo, 22 de junio de 2014

Puertas - Walter G. van Diest.





En la cueva donde el fuego ilumina. De paredes cavernosas que proyectan sombras. Allí supuestamente es imposible ver con claridad. Donde la confusión hace un saber alejado de la realidad. Ese es mi rincón. Mi lugar secreto. Allí disfruto. Me escondo de la cegadora y calurosa luz solar. En ese recóndito y fresco escondite disfruto de un buen vino, el líquido de la vida. Escucho la más bella de las melodías, la natural, ancestral y perturbadora. Siniestra incluso. Pasa el tiempo meramente como un hecho inevitable, una ley natural que hace que me deteriore. Allí no hay un porque y nunca lo ha habido. Ni una sola palabra, ni un sólo libro. No hay teorías ni estudios. Sólo queda el eco, que parece rechazar todo aquello que digo. Un eco material y mental. Que hace que la cuestión más difícil resulte sencilla. Que, aislándome de demás mentes entumecidas de supuesta verdad, me hace saber. Encuentro entonces paz, ocio, placer, bondad, plenitud, belleza y dejo de preguntar. Entonces, al ver como se manifiestan las cosas, entiendo. Allí en la cueva. Donde no entra el sol. Donde sólo se ven sombras.                     Walter G. van Diest.