domingo, 16 de septiembre de 2012

Todo cambia según sea de noche o de mañana

Domingo. Lindo. Soleado. Domingo. Hoy traigo una lectura corta, un pensamiento quizás, que atravesó el océano para que pueda compartirlo. Bueno, sin más preámbulos, y con un mate espumoso los dejó con él.


                                                                                                       
 Es extraño como las palabras pueden hacer tantas cosas. Sentado aquí, leyendo a otro, o incluso a mí mismo, cambia todo en mi interior. Me siento bañado por otras aguas, de temperatura distinta a las anteriores y luego parece que me envolvieran con una toalla diferente. Todo es distinto pero nunca deja de moverse. Se hace extraña la monotonía cuando pasan estas cosas. Se hace extraño volver a un lugar o hacer las mismas cosas. Ver a las mismas personas. Con un nudo en la garganta puedo espolvorearme un poco de normalidad. Es sólo un maquillaje y se esfuma lentamente con el paso de las horas. Entonces noto las miradas, las extrañezas y la incertidumbre y repica mi corazón. Tengo miedo. Y no sé ser yo. Añoro los momentos en los que soy yo sin problemas, pero más añoro cuando maquillado soy libre y paso desapercibido. Cuando el velo de la normalidad me tapa en silencio, como algo prohibido y furtivo. 
Luego me siento aquí, fumando, y soy callado. Soy triste, soy melancólico pero estoy alegre. Soy yo, solitario, viajero a la deriba, hecho de muchos lugares, hablador de muchas lenguas, chapucero del mundo, conocedor de muchas cosas pero sabedor de casi ninguna. Alguien, al fin y al cabo, que tiene un nombre para pocos y unas orejas pequeñas pero agudas. Sólo soy un mosaico que se mueve y se deja ver al público. Todos lo observan un tiempo, en la distancia que inspira el frío cristal 
y después reaccionan. ¡Ah! El disgusto suele venir a ellos. Pocos me frecuentan, como un habitual, y menos aún me dejan frecuentarles. 
Pero cuando mi artesano está enérgico, y tiene buena mano, me hace para los demás, apto, y pueden verme, incluso acercarse y asentir contentos. 
A todo esto, mi viaje continúa y mientras el tiempo se desgrana y las páginas de los días vuelan lejanas mi balsa sigue flotando por extrañas aguas y no dejo nunca de mirar, con ojos ávidos, lo que hay a mi al rededor. Porque siempre estoy perdido, por eso sé donde estoy. 


                                                    Walter G. van Diest.-


                                                              

 Anda siempre hilvanando palabras, y a mí me deja pensando. Les dejo un mate y hasta más ver!


viernes, 14 de septiembre de 2012

Mientras esperamos

Lo mio es leer y compartir. Hoy quiero invitarlos a que se tomen un café en pantuflas, no es que haya cambiado mi mate en patas, no, pero como es tiempo de "hacer tiempo" quiero aprovechar para traer un blog que leo de vez en cuando, y sí, uno de los que no sigo a diario pero que sigo, y es que este post me estremeció, ¿quién no esperó alguna vez? ¿cuántos se animaron a decirlo así? ¿quién puede responder "cuánto espacio ocupa una ausencia"?
bueno, pasen y lean y ya que están dejen unas lindas palabras  :)
El aire en que no estás.  Dale click nomás y animate a entrar en su mundo.

                                            Hasta el próximo mate en patas!