viernes, 1 de junio de 2012

Imaginando vida - Beth Gonzalez.


Para este fin de semana Beth me envió una historia para compartir, llena de belleza y dramatismo como la vida misma. Una historia para ir bebiendo de a tragos cortos... puede ser un mate (digo yo). Ponete la pava, quedate en patas y a leer.



La gente se muere cuando uno más la necesita. Si lo duda, no tiene más que preguntar. Lo sé bien desde que era muchacha, y hasta hoy, ya van como cuarenta los años de saber eso mismo: que la gente se muere siempre cuando uno anda más necesitado de ella y la requiere para vivir. O como sería mejor irlo diciendo de una vez, para seguir arrastrando ese mal asunto que se me da todavía por llamar vida. Desde Leonor hasta Adela, la poca gente que necesité se marchó echando recuerdos por todo lugar, tanto que después no quedó sitio libre donde poner los ojos que no me despertara una pena. 
¿Sabe usted? ya hace algunos años, conocí a Martín, un hombre alegre, ojos color miel, sonrisa de niño, una gran bondad en pocos, un poder de sorprender...
Fue el  primer muchacho que quise. Y el último, también. Empecé a tomarle cariño apenas llegué a conocerlo, y no para hacerme de él, sino para irlo queriendo y dejar que el tiempo hiciera después su labor. 
Uno que otro sábado,  bajaba de aquel lugar donde abundaba una mezcla de odio, desamor, historias repetidas, maltratos, egoísmo,  lleno de secretos, al cual ilusamente yo llamaba casa, desde allí caminaba hasta ese otro lado del pueblo para llamarlo con el destello del sol que despedía el trozo de espejo que llevaba conmigo. Con esa luz pequeña lo llamaba haciéndolo pasar y repasar por puertas y ventanas abiertas, para que la viese y se viniera de prisa a la orilla del río, donde iba a estar esperándolo con impaciencia.
Hablamos por horas dibujando con colores lo que después iba ser nuestra historia: amante, compañero, amigo, nada y todo, incondicional creo, es la palabra justa. 
Nos reímos de historias pasadas, nos acostábamos  uno al lado del otro, a mirar el paso del río y oír a los naranjeros trinar en la otra orilla, porque se  escucha mejor cualquier canto cuando se está entre dos. 
Un arte, como pocos supieron darme, era hacer el amor con él.  Aprendió a conocerme, a descubrir cada rincón de mi cuerpo, aprendí  a conocerlo,  a desnudar sus más íntimos deseos.

El uno para el otro, confianza, fe, paciencia, comprensión y por sobre todos las cosas compromiso con las necesidades del otro, ese era nuestro código, el respeto y la tolerancia.
Pero el desgaste de lo cotidiano hizo que Martín odiara esa situación.
En los años que viví bajo su techo, lo veía sentarse en el patio a mirar un viejo árbol, irritante se metía adentro de si mismo. Desde esa vez odio las palmeras, no puedo verlas ni a la distancia sin que me traigan el mal recuerdo de sus ausencias.  
Si le decía algo, era de una nadería de esas que sirven para ir pasando el tiempo y reírse un poco de la vida. ¿De qué otra cosa se podía hablar con un hombre ciego como él, sin resentirlo ni darle sin querer una amargura? Porque su vida había tenido también bastante daño, caminaba buscando, despacio, con los lentes oscuros y la cabeza levantada hacia arriba donde dicen está el cielo, como preguntando qué culpa le llevó a merecer esa suerte. 
Abrumada por los conflictos decidí quedar fuera de su vida, y no se si  lo hice por mí o sólo por las necesidades de él, como dije antes había compromiso con la necesidad del otro y en ese momento Martín necesitaba mi partida. Ya no podía atravesar un lugar por donde caminamos juntos, sin que se me prendiera su recuerdo, nadie como él me conoce, auque quise demostrar que estaba bien, un sentimiento amargo recorría mi cuerpo sin dejarme pensar en otra cosa.
De no ser por mis amigos,  que me alegraron los días, seguro me derrumbaba cuando me cayó encima esa pérdida. 
-Muchacha -me decían  adivinando el motivo de mi pesar- para ti el día recién amanece. 
Pero lo cierto es que nunca llegó a amanecer, porque fue con la partida de Martín que mi alma  se quedó a oscuras. El que no tiene nada,  siempre tiene algo, escuché decir una vez. Pensé que era mentira, pero después supe que pese a mis carencias, yo también tenía algo para ir mal que bien pasando los días. Y era el sabor de esos recuerdos. Cuando la vida de uno está llena de muerte, rico es el sabor de los recuerdos, de lindos recuerdos. No sabe darme alegrías, pero me consuela y hace olvidar. Unas bocanadas entre pecho y espalda, y poco a poco se van distendiendo las penas. No sé si empecé a apegarme a los recuerdos  o a los años.  
Lo cierto es que cuando se me viene de golpe la memoria de los ausentes, me encierro en la covacha donde tengo arrumada mi vida y me pongo a escribir esta historia para no olvidar.
Al poco tiempo me llamó, para darme una ilusión, pero lo remplacé en la necesidad de olvidarlo,  no pregunten cuándo ni cómo, porque ya desde el principio, su recuerdo era ceniza en mi memoria. Además, era mi amigo, y de no ser por mis impulsos nada de esto hubiese ocurrido, en verdad, no me arrepiento, por que fue el hombre que alegro mi DÍAS, de todos, en especial  el hombre más bueno que conocí. Llegaba a echarse la culpa de cualquier error, era  el escudo donde me refugiaba para escapar del rigor de mi pasado, me educó golpeándome los pies para no ser impulsiva.  Será por ese motivo que nunca tuve la intención de irme lejos y me quedé a vivir en el mismo lugar, como si me hubieran atado con cuerdas para no salir de ese paraje.  Aun cuando dicen que el mundo es igual en todas partes, siempre quise irme. 
Si la vida tiene caminos como venas, ¿por qué no me fui? 
me pregunto una y otra vez sin darme respuesta. Y la verdad es que sólo me alejé media legua para venir a vivir aquí, otra media legua para visitar esa casa azul. Y por último, un trecho más largo para ir presa a la ciudad donde me juzgaron. Nunca fui una mujer de deseos y las ganas de mujer se me vienen por ocurrencia.  Después de una o dos semanas iba a pasar la noche con él, pero eso me duró poco tiempo, porque casi al rato regresé, no quería apegarme  a los  recuerdo que no quieren morirse.  Uno no puede recordar siempre lo bueno, simplemente tiene que hacer un balance y tomar la mejor decisión, entre lo malo y lo bueno en donde nos equivocamos y la conclusión que saco es que no hay error, simplemente hicimos todo lo que quisimos, no hubo mediciones, dimos absolutamente todo y siempre supo quererme. 
Aún sigue viviendo en la casa azul  sin recuerdos. Mejor así, para que no le alcance en sus últimos años la mala memoria de mí. 
Él remplazó mi mundo gris por uno celeste como el cielo. Aunque no llegue a su corazón  para mí es mejor lo que hoy tengo de él.
Su bondad es incalculable, y como dije antes, me ayudo a cambiar mi vida en donde existía. Un sujeto de lengua abundante como nadie. Mis riñas, con  aquel que casi no me atrevo a decir su nombre, y no me pregunten nada de él, por que quien va a leer esta historia  ya lo sabe. Cuando la imagen  viene a la memoria, quiero recordarla con nostalgia, pero me impide la pena grande que siento por no parar a tiempo, y él se queda nada más que en recuerdo. No me atrevo a decir que fue el culpable de mis desgracias, pero si de mis penas, por que fue quien me mantuvo presa durante trece años haciendo de mí una mujer insegura,  incapaz, robando todos  mis pensamientos, llevándose hasta mis ganas de vivir. 
A veces me consuelo pensando, como en un amanecer recobré la vida. 
Y la vida cambia para bien o para mal. Eso dicen. En mí caso cambió, porque es manso y dulce, pero se demora en darme paz. Qué le vamos a hacer. No me tocó la ventura o llegué tarde cuando daban a la cola de gente su ración de suerte. 
A veces, después que paso la mañana o las tardes con Martín vuelvo a mi mundo, me siento a mirar los  lápices  de colores, o  miro al otro lado  de la vieja casa llena de odio y  me pregunto, por qué existen  mundos paralelos, recordando  lo que Martín  me decía, (sic) ” me pasé la vida o gran parte de ella entendiendo el por qué de las cosas, y si me preguntan a que conclusión llegue ….a muchas y a ninguna, nada es suficiente, parecería ser que la vida es una sucesión de hechos que alineándolo no siempre correctamente tienen un resultado que a menudo no es el esperado, en otras palabras, todo depende de todo y aun recurriendo a todo, existe  siempre la posibilidad de no llegar a nada, parece ambiguo pero en realidad ….y aquí el gran ingrediente (la realidad), que no es más que el resultado de los hechos. Parece un juego de palabras, pero es mi conclusión, la vida es un juego mas difícil que no tenemos otra opción que jugar… para el cual permanentemente debemos adoptar estrategias, tomar decisiones, mantener el corazón caliente y la cabeza fría, no perder la calma…. Por que absolutamente siempre el juego nos ofrece alternativas. Estas alternativas son los puntos altos que debemos sortear para continuar en el tablero ( si lo vemos como contexto dentro del cual debemos realizar nuestros movimientos ) por supuesto que no es un juego sin fin, si tenemos en cuenta que para cada tablero tenemos una sola vida, son como niveles  de participación ¿vos en que nivel estás? que pregunta ¿no? estos son los misterios, nadie lo sabe!!! ¿Cuando se termina? Sólo cuando deje de existir el universo… pero no te preocupes por el final, aboquémonos al principio, y a entender las reglas”. 
Uno  puede cambiar si el deseo lo lleva adentro. 
Entonces saco fuerza  que llevo dentro por si me agarra de sopetón la nostalgia,  y me duermo, sin sueños ni recuerdos. 
Voy creando día a día mi paso por este mundo lleno de egoísmo e intereses propios, sé que no voy a borrar mi pasado, pero mi futuro va a ser como un amanecer, por que después de todo Martín volvió a ocupar un lugar, aunque distinto, en mi vida. Y los que ya no están no van a regresar y nunca más voy a dejar que me roben la sonrisa.  Beth.

                                             Fin.-
                                                                                                                        

10 comentarios:

mientrasleo dijo...

Una buena historia, con sentimiento empujando letras
Besos

Tranquilino González dijo...

Así son estas historias de vaivenes amorísticos. El mate, quizá un poco amargo esta vez, en exceso...

David C. dijo...

Me puse a recordar el libro "Lo que no dijo Varguitas". Lo has leído? Es toda una declaración de amor en nosecuantas páginas por parte de la tía Julia hacia Vargas Llosa.

sólo el amor es capaz de inspirar tanto.

Saludos

David

MC. dijo...

Mientrasleo! muchas gracias, y sí, así suena, va empujando las letras... una historias difícil de contar, besoss

Tranquilino! es verdad, olvidé avisar que el mate debía ser dulce esta vez... Gracias por pasar!!

David!!no leí ese libro, acepto la recomendación, muchas gracias por tu opinión.. y cuanta razón!!! claro que sí, el amor, el amor...

Besos y buen finde!!

Tely. dijo...

Ma pareció un relato buenísimo!
Historias que atrapan y que se nos hacen nuestras...
Mucho Mate para esta historia!
Genial!
Besos!

MC. dijo...

Gracias Tely por tus palabras,
es la primera vez que un relato de Beth sale a la luz, se va a poner muy contenta y tal vez se anime a más!
Besos!

Luciano dijo...

lo que más me gustó de este relato es la sencillez con que está contado, gracias por el mate, saludos y buen domingo.

Moni dijo...

Hola M, que lindo escribe Beth, aproveché la hora del desayuno mientras me tomaba unos mates y los "nenes" duermen para leerlo, felicitaciones a la muchacha que lo escribió
besos M, nos cruzaremos en la góndola de siempre.

Anónimo dijo...

IMAGINANDO VIDA¡¡¡FUE ESCRITA EN UN MOMENTO DIFÍCIL DE MI VIDA, REALMENTE AGRADEZCO SUS PALABRAS. GRACIAS, GRACIAS Y HASTA OTRO MOMENTO.
BETH GONZALEZ

David C. dijo...

Busca el libro, yo lo busque y llegue a encontrarlo. Totalmente apasionante. En un sólo día me lo devore enterito.

La leyenda dice que es muy difícil encontrarlo porque apenas sale a la venta "desaparece de los puestos por una extraña razón". En fin yo logre un ejemplar ahí en medio de librerías antiguas del centro de Lima

Saludos

David