lunes, 12 de marzo de 2012

El zumbar de las moscas - By Silvana Rimabau


Hacía meses que las insensatas palabras se colaban en sus oídos, anidaban en su cráneo y zumbaban como moscas. Desde aquellos ojos muertos que tenía frente a si, ojos como espejos, fríos y distantes, la incongruencia y sequedad lo acusaban sin piedad. Allí, dentro de las cuatro paredes la cordura se había esfumado tan repentinamente que casi sin darse cuenta, se encontró acurrucado y sollozando en un rincón. El aire parecía esquivar su boca y nariz, dejándolo a merced de la sofocación de una eterna angustia, al tiempo que su cuerpo se negaba a moverse, ya que habiendo tocado fondo, el abismo de desolación al que tanto le había temido, lo abrazaba por fin. ¿Por qué a mi? –se preguntó-. He dado lo mejor de mi para quien ha estado a mi lado; he confortado a quien lo necesitó; he perdonado a quien me hirió; he puesto la otra mejilla a quien me abofeteó... y sin embargo, la crueldad me ha alcanzado. ¿Qué hago ahora?; y al preguntarse esto, sintió que su voz le era ajena, que en lugar de salir de sus cuerdas vocales, emergía pastosa desde aquella boca de finos labios, la cual al abrirse solo escupía dardos emponzoñados hacia su corazón. Cerró los ojos, y miró hacia el pasado; un tiempo brillante tan alejado ahora, de su oscuro presente, que por unos instantes quiso quedarse allí y ser abrazado, cobijado, comprendido y amado. Pero eso no era posible, esa época añorada se había esfumado y dejado en su lugar una cáscara vacía y maloliente que manipulaba sus sentimientos sin piedad. El rostro de su madre, dulce y sonriente ya no estaba allí para animarlo; sus palabras cariñosas y sabias se habían callado bajo el zumbar de las moscas; su andar rápido y vivaz –casi rozando lo hilarante- había sido tragado por las tinieblas; su imagen pulcra, feliz y sofisticada había sido arrebatada por los ladrones del tiempo... Nada. Ya no quedaba nada; estaba solo dentro de aquellas cuatro paredes siendo testigo obligado del imparable movimiento continuo de la vida; observando mudo cómo aquella mujer se desintegraba segundo a segundo frente a sus ojos secos de tanto llorar; restregando sus manos atadas por la impotencia de no poder rescatar a su madre de aquel monstruo llamado Alzheimer.


  Se siente la falta de aire, el zumbar de las moscas... la angustia en el llanto.
Gracias de nuevo Silvana, por compartir otro de tus magníficos relatos, en este caso, una vivencia hecha relato...
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                                                 Les dejo unos ricos mates y buenas lecturas!

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El zumbar de las moscas by Silvana Rimabau is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

9 comentarios:

mientrasleo dijo...

Es un relato magnífico como bien dices. Me ha dejado sin palabras.
Tiene una tremenda carga emocional.
Besos

MC. dijo...

Que bueno tenerte por acá, muchas gracias por tu comentario!
la verdad que es fuerte, a mi me impactó, se habla mucho sobre esa enfermedad, pero creo que sólo los que conviven con ella, saben lo que realmente representa..
Besos

tecontaretodo dijo...

Aia! cómo me dolió ;(

Anónimo dijo...

Un relato realmente duro, muy intenso, ¡mui bien Silvana!

evilsnake dijo...

Gracias por compartir este relato MIR!!!!!!!!!!!!.. Es una historia real. Esto es parte de mi vida. Y gracias a todos por sus palabras.
BESOTES

MC. dijo...

Siempre son bienvenidos tus relatos Sil! (evilsnake) gracias a vos, tengo el otro esperando su turno ;)
BESOS!

mientrasleo dijo...

Es terrible sí, desolador tenerlo cerca.
Besos

efa dijo...

No esperaba el cierre dramático.
Me quede, excelente narrativa.
Beso mujer

MC. dijo...

sí, un cierre que sorprende... está basado en una historia real

gracias efa, por tu comentario, un beso!