lunes, 1 de agosto de 2011

Como cualquiera

Hoy no es un día como cualquier otro. Hoy espero algo. Me he sentado entre los brazos azules del sofá a esperar. El reloj marca sus tic-tac con mucha paciencia y parece alimentar mi espera. El viento ulula suavemente desde la ventana del balcón. Las cañas de bambú que hay fuera chocan sutilmente fundidas con el lejano rugido del mar. Todo se confunde con el ruido de mi cerebro. Pienso. No quiero pero lo tengo que hacer.
¿Qué estoy esperando?
¿Por qué estoy esperando?
¿Sirve de algo esperar?
Las preguntas me ametrallan. Pero tengo 
tantas respuestas positivas como negativas. Estoy esperando algo, cualquier cosa. 
Espero eso porque necesito cualquier cosa para no abandonar. La verdad es que espero una llamada, o que alguien grite mi nombre desde la calle. Espero que un sobre aparezca debajo de la puerta y sea una carta de un ser querido. Espero mirar la pantalla del ordenador y ver a alguien que quiera verme. Espero un beso de amor. Espero escuchar mi nombre entre susurros de placer. O en la barra de un bar. Espero recibir una llamada a cualquiera de los mil y un aparatos a los que se me puede llamar para contarme algo bueno, para demostrarme que existo.
Trabajo, viajo, duermo, trabajo, viajo. Duermo. Duermo. Parece que durmiera toda la vida. Parece que hubiera venido aquí para dormir. ¿Existo realmente? ¿O es todo un sueño? ¿Es esto la imaginación de alguien durante una clase aburrida? Mi vida, que se ha encargado de pasar tan condenadamente rápido, casi como un espejismo, ¿lo es realmente?
Espero que alguien me quiera y eso me demuestre que no. Pero en vez de salirlo a buscar lo espero. Todo lo que he hecho parece haber sido en vano. Espero algo a cambio. Espero demostraciones de valor. Seré estúpido. Quiero que me pongan un precio en tiempo, o en afecto. Quiero que mi compañía sea algo canjeable. ¿Puedo llegar a ser tan miserable?
Y aquí estoy, sentado en este sofá. Esperando. Todavía sigo esperando, a pesar de pensar que es miserable. Espero que los demás se preocupen. Que digan, ¿no nos falta algo en la vida? Y entonces vengan a buscarme. Como si eso fuera mejor que aparecer. Como si eso fuera algo.
Todo lo que he dicho parece no importar ahora. Todas las muestras de afecto se desvanecen con cada tic-tac. ¿Amor? ¿Dónde? Si yo sigo aquí esperando. Pasan los minutos, y las horas. Nada se detiene a pensar en  mí. Nada piensa, cuánto ha hecho. Nada piensa, qué poco ha hecho. Nada piensa. Nada existe. He hecho mucho, pero no es nada.
Las palabras no sirven para nada. Los actos no sirven para nada. Cada repicado de reloj alarga más mi espera. Puede que entonces, sea un día como cualquier otro.

                                                                         Walter Germán van Diest.-
                                                                                                                                                                               obra registradaSafe Creative #1108029790724

                 Este es un agregado de mi parte: 
                

Esta hermosa canción John Petrucci la escribió inspirado en su miedo a sufrir un "bloqueo de escritor" 
...menos mal
                                        Para visualizar el video original haz clic aquí