viernes, 14 de octubre de 2011

Hacer - Walter G. van Diest.


Y aquí me veo, un día más, una copa más, un rato más. Aquí está mi consciencia para dejarme consciente. Un día entero que pasó muy raro y muy desigual. Debería ser hora de dormir. Pero mi sarcasmo no me deja. Hablando habladurías, pensando tonterías, mirando visiones imaginativas. Disfrutando de un sorbo mágico que me lleve allí, dónde no se piensa antes de actuar. Viendo las mentiras incluso antes de que se conviertan en mentiras. ¿Cómo se supone que uno puede tener una relación personal si sabe detectar las mentiras? 
Suposiciones y teorías. Dejémonos de estupideces metódicas. Todos sabemos cuando alguien miente, pero no queremos verlo. Ahora que lo veo una y otra vez, ¿qué debo hacer? ¿Ignorarlo? Una cruzada constante con mi intelecto. Me atacan los pensamientos de verdad. Mis dotes de adivinador innato. Ja. 
Un buen whisky. La bebida del demonio. La que vende tu alma al mejor postor. No es un delirio alcoholizado. Sino un momento real. Tanto como un buen trago. Que quema y rasca. Pero cuando pasa el esófago, da verdad. 
Es curioso eso de que la verdad duele. ¿Duele? ¿O quema como un buen whisky? 
Caen los minutos y se desploman las horas. ¿Quién demonios ideó el tiempo? Quiero estar parado aquí durante siglos y no notarlo. Para poder saborear cada instante y cada gota. Para no pensar y así poder actuar. Para dejar las ataduras en el cajón de "no-me-importa". Para hacer. 

1 comentario:

Moni dijo...

Doler duele descubrir una mentira de esas diseñadas con el propósito de herir, de humillar, las de uso diario creo que solamente cansan, el que dice que la verdad duele es porque entonces quiere vivir engañado, me gusta tu forma de decir las cosas por medio de la literatura, me gusta lo que leí en el blog hasta ahora, espero que sigas escribiendo.
Soy una amiga de Mir y ahora ella hace mate mientras yo le uso el aparato este que tiene por computadora...
saludos voladores >>>♥<<<