sábado, 17 de septiembre de 2011

Dos mundos, una página

En un mundo. En mi mundo. En el que he pasado los mejores y peores momentos. En el que he procesado todo lo que me hace ser tal y como soy. En el que he vivido el amor a mi manera y lo he dado adaptándome a veces y otras tal y como me salía. En el que he visto todos mis secretos y los he escondido bajo llave en algún cofre del tesoro. Del cual no hay mapa ni hay una imagen clara. Un mundo que muy pocos han penetrado, pero que muchos han creído explorar.
Desde mis ojos, las puertas de mi mundo, te veo a ti. Miro tu imagen, el escaparate de tu mundo y me imagino cómo eres. Te prejuzgo y te comparo con gente que creo que se te parece para poder clasificarte. Pero tú me has sorprendido. Tienes algo que los demás no tienen. Te miro una y otra vez para ver lo mismo, una imagen con algo que no entiendo. Te repaso.
Tus ojos.
Desde allí asoma tu mundo, teñido de melancolía. En tus ojos late un corazón lleno de pena. En tus umbrales aguarda un amado desesperado sumido en el pesar. Ahora sí sé qué es aquello cautivante. No puedo dejar de mirarte. Me arrastras como si fueras una marea. Una marea de sentimientos. Todos tus gestos son bruscos. Te haces rudo. Te escudas en los demás para no mirarte. Evitas un espejo desconocido que te enseñe quién eres.
No te gusto. Pero tus umbrales me dicen lo contrario. En tu mundo hace un calor conocido. El calor de un hogar. En tu mundo hay una casa con un gran salón, hay un patio lleno de plantas y olor a jardín y hay una mecedora en la que lees cada día todo lo que te interesa. En tu mundo el sufrimiento te ha traído plenitud que te ha hecho fuerte. Pero no la felicidad.
Me esquivas.
Te busco.
Si nos encontramos, nuestros mundos estallan. Mi frío, tu calor, tu sufrimiento y mi amor. Ahora que te conozco te amo. Lo sabes. El amante de tus umbrales ha vuelto a recuperar la esperanza. Mira las cosas através de un marco cálido, su vida no le parece tan miserable. Ha vuelto en ti la sonrisa verdadera. Me siento realizado.
Pero ella lo estropea todo. Asesina al amante de tus umbrales. Tus ojos vuelven a llenarse de triste melancolía. No sé qué hacer. Reina el silencio mientras el fuego se apaga. El amante mira desde una hendija lo que pasa fuera, temeroso, cansado, herido. Recuerda el pasado con tristeza y se sume en un llanto tan profundo y sincero que no suena. La amargura se hace presente en ti de nuevo. Te vuelves a escudar, desapareces entre la gente, me tienes miedo otra vez. Evitas mi espejo para no volver a ver tu imagen proyectada por mi. Te refugias en la miseria para no escuchar lo que vales en realidad. Te castigas. Una y otra vez.
El dolor me consume. Quien sabe, ¿seré yo tú alguna vez?


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                                                         Walter Germán van Diest
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4 comentarios:

Anónimo dijo...

...como diria Montgomery Burns, EXCELEENTEEE!!!!

Pato dijo...

Muy, muy, pero muy bueno. En estos momentos estoy viviendo una situación tal cual la describís, no podría haber encontrado mejores palabras que las tuyas. Te mando un beso, Pato!

Anónimo dijo...

este relato me ha hecho estremecer, tienes talento!

Luciano dijo...

muchos ritmos y contra-ritmos, me gusta este relato,
el blog es muy interesante, te seguiré leyendo